Objeto luminoso 4: Esqueleto de pecera

De la serie Objetos luminosos, para una columna sobre objetos del pasado de la revista VIVA, Clarín,  2011. (no aparece online)
  
   Mi primer encuentro con la muerte no fue el paso de un cortejo fúnebre ni el  cajón desolado de un velorio familiar, sino un esqueleto pequeño, pero no por eso menos perturbador, en el fondo de una pecera. Mi padre, que era un piscicultor bastante desenfrenado, tenía en su campo, a dos horas de la ciudad, un gran piletón lleno de peces, pero igualmente, para vigilar de cerca a sus reproductores, había sembrado también de peceras nuestra casa.

Objeto luminoso 3: Ceferino fosforescente

De la serie Objetos luminosos, para una columna sobre objetos del pasado de la revista VIVA, Clarín,  2011. (no aparece online)

    Lo más difícil es explicar cómo llegó la estatuita fosforescente de Ceferino a nuestro hogar marxista y ateo. Tuvo que ser, por supuesto, alguno de los inventos de mi papá. Pero ¿cuál de ellos? ¿Los adornitos de luminosidad resistente al agua para vender en los acuarios? ¿Los anzuelos lumínicos para la rueda de arado que hundiría en el mar como novísima máquina de pesca? ¿El rendín-luciérnaga que pudiera ubicarse en la noche al abrir el capot del auto? Les pregunté a mis hermanos y ninguno puede recordar exactamente para qué la quería. 

Objeto luminoso 2: Fósforos de cera

De la serie Objetos luminosos, para una columna sobre objetos del pasado de la revista VIVA, Clarín,  2011. (no aparece online)

    La caja de fósforos de cera me la había dado mi papá, cuando a los ocho o nueve años empecé una colección de cajitas de fósforos. Tenía el tamaño de mi mano, con la imagen descolorida de un arlequín y los bordes laterales vencidos, como si alguien la hubiera aplastado y tratado de recomponer, sin conseguirlo del todo. “Guardala bien”, me había dicho, “ya casi no se hacen más así”. 

Objeto luminoso 1: Magiclick, garantía de 104 años

De la serie Objetos luminosos, para una columna sobre objetos del pasado de la revista VIVA, Clarín,  2011. (no aparece online)
 
   No recuerdo cuándo apareció el primer Magiclick en mi casa, pero yo debía ser muy chico, porque tenía que reunir todas mis fuerzas y usar las dos manos para pulsarlo: hacer aparecer la chispa diminuta se convirtió en un desafío de héroes y una hazaña no menor de mi infancia.

Citas matemáticas en la obra de Borges

Propongo aquí una lista que –quisiera- fuera exhaustiva de todas las citas con algún contenido matemático en la obra de Borges. Dado que la obra completa consultada (Borges, Obras Completas, Sudamericana, 2011) tiene veinte tomos es casi imposible que no haya perdido alguna. Agradecería a los lectores atentos cualquier sugerencia que pueda completar este trabajo de recopilación.

Bibliografía matemática consultada por Borges

1. Bibliografía matemática citada en su obra completa
Borges, Obras completas, Sudamericana, 2011

Verano Planeta 2012

Presentación en Puerto Madryn, Mar del Plata y Pinamar
Puerto Madryn / 3 de febrero
Hotel Rayentray
Mar del Plata / 9 de febrero
Hotel Sheraton
Pinamar / 10 de febrero
Teatro de la Torre

Entrada libre y gratuita
La décimo quinta temporada de Verano Planeta tendrá la participación de Felipe Pigna, Zaffaroni y Rep, Majul, Bovo, durante enero. Florencia Canale, Guillermo Martínez, Caparrós y Rolón estarán en febrero. Entrada libre y gratuita con el patrocinio de Codere Argentina.

Encuestra sobre la narrativa contemporánea del Caribe y del Cono Sur, 2011


(para las universidades de Gante y de Amberes, Bélgica)
Sobre el canon
¿Qué obras o autores siente como influencia, o por lo menos como presencia en su obra? ¿Siente su obra como argentina/universal/global? ¿Hay algún tipo de arraigo o de desarraigo al respecto?
Lo primero que diría es que en general la biblioteca de los escritores argentinos es una biblioteca cosmopolita, no es una biblioteca estrictamente argentina. Desde el principio, en la formación de cualquier escritor argentino conviven, en general, obras de la escritura universal, o de cierto recorte del universo, con obras argentinas. Mis influencias mayores han sido, por un lado, argentinos, Borges, Cortázar, en menor medida Roberto Arlt, Abelardo Castillo, Liliana Heker, una cantidad de cuentistas de la década de los sesenta, Isidoro Blaisten, Bernardo Kordon. Yo me formé como cuentista esencialmente. Y luego, en cuanto a escritores de la literatura universal, que leí a la par, autores como Ambrose Bierce, Henry James, los rusos: Tolstoi, Babel, Dostoievski, y un poco más tarde Thomas Mann, Proust, Lawrence Durrell... De todos ellos, Henry James es una presencia que se mantuvo a lo largo de toda mi vida como escritor. Es el único autor al que releo. También hay una cantidad de autores que leí en la adolescencia, como por ejemplo Ray Bradbury, autores de novelas policiales, la colección del Séptimo Círculo, una colección argentina muy famosa, donde Borges y Bioy Casares en principio seleccionaron de la novela negra norteamericana títulos muy buenos, entonces ahí también leí a Ross MacDonald, Nicholas Blake, y otros autores policiales. Esas serían algunas de las influencias.

Video: Lectura del cuento HELP ME! (inédito)

Lectura del cuento inédito HELP ME! en el Congreso Iberoamericano de Cultura, Mar del Plata, septiembre de 2011.
(Video)

El cuento fue publicado en la revista Orsai nro. 4 y puede leerse aquí.

Dodecálogo personal

Publicado en El malpensante, octubre 2011.

Variando apenas una ironía de Groussac, podríamos decir que el decálogo de escritor, como todo género literario,  tiene sus leyes inviolables y propias; la primera es que no se debe intentar. Reúno aquí de todos modos algunas frases que se convirtieron para mí en algo parecido a mandamientos íntimos, a los que atendí en distintos momentos. Observo que llegan a doce, pero no me decido a eliminar ninguna: me excuso en que no tengo preferencias supersticiosas por el sistema decimal.

Entrevista y cuento inédito en La Balandra

       Continúa en La Balandra nro. 1
http://www.la-balandra.com.ar/ (no aparece online)
Incluye también el cuento inédito
Una nueva versión sobre la aparición de la piedra negra en la Plaza de la Meca

Sobre mi mamá

Publicado en la revista ELLE, octubre 2011.
   Mi mamá nació en 1931: fue la primera hija de mi abuelo Elías  y mi abuela Elisa, dos inmigrantes judíos que habían llegado con sus padres muy pequeños a la zona  de Bahía Blanca, a principios de siglo, escapando de los pogroms de Rusia. Su nombre es Raquel Esther, pero desde siempre todos le dijeron Beba. Su papá era un colchonero pobre que había trabajado duramente para llegar a convertirse en un pequeño comerciante  y  trataba de aleccionar a sus nietos, y supongo que antes también a ella, con una ideología de una única frase: Tanto tienes, tanto vales. Desde muy chica tuvo grandes responsabilidades. Cuando tenía ocho años nació Silvia, su hermana menor, a la que prácticamente tuvo que criar ella sola, por distintas enfermedades de mi abuela. Las dos hermanas tuvieron toda la vida una relación entrañable de cariño y confidencia, que sobrevivió a las distancias y a todos los cataclismos políticos y familiares. Mi tía fue siempre festiva, alegre, viajera; vivió en Buenos Aires y se radicó después en Perú. Mi madre era seria, estudiosa, concentrada y permaneció en Bahía Blanca. Pero se transformaban las dos cuando se reencontraban, como si volvieran a una edad fuera del tiempo: los momentos de mayor felicidad que pude ver en  mi madre eran cuando llegaba una carta de mi tía, o en los días previos de inminencia feliz en que anunciaba una visita.
   A los nueve años la enviaron sola a Buenos Aires, para un tratamiento de ortodoncia, y vivió por dos años en casa de familiares. A nosotros, de chicos, nos daba horror e incredulidad esta parte de la historia: ¿sus padres la habían abandonado en Buenos Aires por dos años? Al volver a su casa, en otro giro  dickensiano, encontró que mi abuelo había vendido su piano sin avisarle. Durante la adolescencia un primo la convenció de que se uniera al Partido Comunista y participó en las tomas de colegios y universidades durante la lucha de educación libre versus laica. Fue una de las fundadoras del primer cine-club de Bahía Blanca, donde conoció a mi papá, que era trotskista; con quién sabe qué artes dialécticas consiguió la hazaña considerada imposible de convertirlo al PC. Mi abuelo Elías, como en El violinista en el tejado, tuvo que resignarse a que su hija mayor, y después su hija menor, se casaran ambas con goys izquierdistas y abandonaran todas las tradiciones. La única palabra que mi mamá siguió pronunciando siempre en yiddish fue tsures (aflicciones). Retomó la carrera de Letras ya casada, mientras trabajaba a la par y criaba a mis dos hermanas mayores. En el año 62, cuando ya estaba muy avanzado su tercer embarazo, se organizó en mi casa una reunión política. Era el gobierno de Frondizi y en el marco del plan Conintes, el Partido Comunista había sido proscripto. Hubo un allanamiento de la policía y cuando se los llevaban a todos presos, el comisario a cargo vio la panza de mi mamá, y la retó, inolvidablemente: ¡Señora! ¡No le da vergüenza, en ese estado! Tiempos distintos, aquello la libró de la cárcel. Mi padre salió en libertad dos meses después, a tiempo para estar en mi nacimiento (foto). Mi mamá terminó su carrera con los cuatro hijos ya nacidos y empezó a trabajar de bibliotecaria en la Universidad del Sur, hasta que la echaron, por razones políticas, primero durante la misión Ivanissevich, en la época de Isabelita, y después de una breve reincorporación, también durante la última dictadura. En esos largos años oscuros se dedicó a vender productos de belleza a domicilio. Yo nunca le había escuchado mencionar el nombre de una crema, y apenas se pintaba, pero de todas maneras logró salir adelante. Un tiempo después pudo cambiarse a un rubro más afín y vendió también enciclopedias y libros, con la misma voluntad inquebrantable. Al volver la democracia, trabajó otra vez como bibliotecaria de un instituto terciario hasta su jubilación. Era tenaz, persistente, a veces demoledora. Cuando tenía que hacer un reclamo y la veíamos a punto de salir, empuñando la cartera y una boleta en la mano, mientras anunciaba en son de guerra: Ya me van a escuchar, o Voy a luchar contra la burocracia, mi papá bajaba un segundo el diario para mirarnos y nos decía por lo bajo, con verdadera piedad: ¡Pobres burócratas!
    Fue por años la primera lectora y la correctora de los cuentos de mi papá, antes de que salieran eyectados en sobres desde el correo local a diferentes concursos. Cuando él murió fue la que más insistió, en cada aniversario, para que reuniéramos sus mejores cuentos en un libro, con un argumento imbatible de idishe mame: Que pueda verlo en vida. Finalmente, cuando le envié el libro, flamante y recién impreso, y le pregunté si lo había leído, me dijo, como una confesión inesperada: No hay caso, nunca entendí los cuentos de tu papá. Le gustaban pocos autores, a los que leía de manera exhaustiva: Simone de Beauvoir, Alejo Carpentier, Vargas Llosa, Saramago, Primo Levi. En los últimos años, después de un par de caídas, poco a poco se fue recluyendo en la cama. La vejez tiene mucha imaginación, dijo alguna vez Bioy Casares. Ninguno de nosotros hubiera creído que esa mujer arrolladora, de furias y cariños explosivos, siempre dispuesta a enfrentarlo todo, alguna vez finalmente se cansaría. El 14 de octubre cumplirá ochenta años.

Volver a Artículos

Orgullosamente ahí abajo!

Publicado en la revista Ciudad X, octubre 2011.

   Al escribir sobre sexo hay dos tradiciones principales que uno debe enfrentar. Una es la sublimación lírico-filosófica del siglo XIX, cuando el sexo era el gran tema tabú de la literatura, y la aproximación al encuentro sexual estaba precedida por largas antesalas, metáforas “refinadas”, y lento caer de ropas que culminaba muchas veces en una brusca elipsis o en una puerta cerrada. Es interesante que aún en libros considerados “libertinos” y largamente censurados, como Historia de mi vida, de Casanova,  la retórica de época, asociada sin duda también a cierto criterio de “buen gusto” literario prefiere no detenerse en el acto sexual en sí, y lo pasa por alto con frases convencionales, o imágenes a veces ingeniosas, a veces humorísticas, que lo siguen dejando a cierta distancia. Por supuesto, esta estrategia de la demora y la evasión tiene también sus buenos argumentos y su encanto: en sus mejores momentos alcanza una atmósfera de sugestión y erotismo que por sí sola sustituye y vuelve superfluo (y quizá desanimante) el desenlace sexual. Pero de esta manera el sexo, lo propiamente sexual, con su lenguaje, su complejidad, sus vicisitudes,  queda escamoteado como objeto literario, oculto dentro del mundo de lo “no escrito”, como diría Calvino.

La preparación de una conferencia

Extractos de la novela Yo también tuve una novia bisexual, de Guillermo Martínez, (Ed. Planeta, julio de 2011) para la revista Prosofagia (N° 13, pág. 36)

6 de setiembre. Por la tarde: 

   Apuntes mentales para la charla en Savannah. Usé por primera vez el carnet de la biblioteca y me traje varios libros. Quizá conviene empezar con la frase inicial de Seis propuestas para el próximo milenio, de Ítalo Calvino. Después de todo, esas conferencias fueron pensadas y escritas para su viaje a los Estados Unidos, supongo que este libro lo conocerán en las universidades. (¿Será así? Preguntar a Rachel.)

   “Dedicaré la primera conferencia a la oposición levedad-peso y daré las razones de mi preferencia por la levedad. Esto no quiere decir que considere menos válidas las razones del peso...”

   Ya en esta aclaración, que parece a primera vista sólo un acto de cortesía, está en germen toda la cuestión, que Calvino es demasiado agudo para pasar por alto. La cuestión que es el tormento y la desesperación de cualquier crítica de valores (hacer aquí un recuadro):

Cualquiera sea la afirmación de un término y sus razones
no pueden considerarse menos válidas las razones del término opuesto.

5 de octubre / Presentación en La Plata

GUILLERMO MARTÍNEZ llega a
PRIMAVERA PLANETA en LA PLATA

El autor de “Crímenes Imperceptibles” presentará su última novela:
“Yo también Tuve una Novia Bisexual”.
Miércoles 5 /19,30
Centro Cultural Islas Malvinas / Av. 19 y 51
Entrada libre y gratuita.

Moderado por Nino Ramella
Producción general de Franganillo / Comunicación

Entrevista Clarín, 2011


En su última novela, “Yo también tuve una novia bisexual”, el autor explora las posibilidades de contar el erotismo.

Por Gabriela Cabezón Cámara

Sexo. Mucho sexo. Lo difícil, dirá él cada vez que se lo pregunten, fue contarlo fuera de los lugares comunes. “Esa fue mi apuesta en este libro”, agregará, también, cada vez que hable de su última novela, Yo también tuve una novia bisexual , Guillermo Martínez. No fue el único cliché contra el que luchó en este texto: también se distanció de la forma políticamente correcta de representar a los homosexuales. Y no se privó de ironizar sobre lo que llama “el estallido de la literatura del cuerpo, de la novela gay y la figura del travesti” que dominó, precisa, en los 90.
Pero por algún lado hay que empezar. Y de verdad hay mucho sexo en la novela, ya desde el mismo título, así que empezamos por ahí:

¿Cómo construiste la relación sexual entre los personajes?
El gran trabajo fue ir escena por escena para pensar que quería decir; cómo narrar algo diferente en cada caso, cómo incluir algo que se vinculara con detalles personales, con los develamientos de cada uno y cómo vincular esas escenas con el resto de la trama. Me preocupaba contar la progresión del ahondamiento, de esa especie de ensayo de nuevas cosas en cada encuentro, y seguí a algunos escritores con los que tengo empatía en la forma de escribir sobre lo sexual. Volví a leer a Henry Miller, a Casanova. También a Alberto Moravia; siempre me gustó mucho la forma en que cuenta las relaciones sexuales, tan lejos de la metáfora excesiva o de la retórica como de la crudeza burda. Traté de que estuvieran todos los ingredientes: algo de humor, algo escatológico, algo de juego también”.
La novela cuenta la historia de un profesor que viaja a una universidad de un muy conservador sur de los Estados Unidos para dar un curso y le pasa lo que, le advierten desde el mismo día de su llegada, está absolutamente prohibido: entabla una muy tórrida relación con una alumna. Sucede en 2001 y el estallido público e histórico de las Torres Gemelas va a generar otras explosiones, íntimas y biográficas, en las vidas de los personajes. Además de sexo, en esta novela hay política, historia, una propuesta de teoría literaria. Y esa manera de contar tan propia de Martínez, que retoma con maestría un elemento propio de la narrativa clásica, el suspenso: “A mí me interesa que las novelas tengan cierta estructuración porque allí es donde está el suspenso, en lo sucesivo, en el encadenamiento, en la progresión dramática. Me interesa que haya siempre la inminencia de algo que está por suceder, y que va a cambiar el destino de los personajes.”

Desde el mismo título, sabremos que la chica, Jennifer, es bisexual. ¿Por qué?
Esta novela empezó como un cuento. La idea era hacer el retrato de una persona que muestra una cara en una relación heterosexual pero también tiene otra, otro modo de relacionarse con su propio género, que la hace infeliz, pero que ella percibe como el más real, el más auténtico para sí misma.

La novia de Jennifer, muy masculina y dominante, la maltrata. No es una representación frecuente del universo lésbico.
Creo que en los Estados Unidos hay una cultura gay mucho más desarrollada. Me pareció que había una maduración que hacía posible que hubiera una lesbiana que tuviera esas características sin que nadie se sobresaltara. Hay un cliché también en el tratamiento de lo homosexual, siempre sofisticado y alegre. No quería caer en esa condescendencia, si no mostrar toda la diversidad. Y, justamente, hay una figura (“butcher”) que habla de una clase de lesbianas que son más corpulentas, que tienen algo rudo. Y el atractivo para las chicas es esa cosa de peligro físico, igual que las heterosexuales que se enamoran de tipos físicamente imponentes y medio violentos.

Hablás de un país con una cultura homosexual más desarrollada, pero la de la novela es una sociedad muy conservadora. De hecho, es una novela muy política en ese sentido.
Política, sí, pero en el sentido de cómo la política interviene concretamente en las relaciones de una sociedad. Más bien hablaría de lo ideológico: el hecho de que la universidad es relativamente puritana, la sociedad es muy conservadora, eso corresponde a lo que eran los Estados Unidos alrededor del 2001. Pero hay un elemento, los ataques a las Torres Gemelas, que cambia el paradigma, la forma de pensar una cantidad de cosas. Yo no quería que eso, que es historia contemporánea, tomara demasiada dimensión y aplastara a la ficción. Cuando entra la política a un texto suele aplanar y torcer demasiado todos los elementos en direcciones ideológicas, de pronunciamiento.

Hablando de pronunciamiento, el título de la novela recuerda un poco a los de César Aira, que es un escritor que está en las antípodas de tu narrativa. ¿Es una ironía?
Disiento: parece que toda la ironía estuviera acaparada por Aira en la Argentina. No es así. Este título me parece irónico respecto de lo que han sido los clichés de lo sexual de los años 90: el estallido de la novela del cuerpo, de la novela gay, de la figura del travesti. Incluso creo que en algún momento hubo un plus automático para las novelas que tocaban el tema, solamente por tocarlo. Yo quería hacer una pequeña ironía sobre eso, como diciendo bueno, yo también tuve una novia bisexual, pero voy a contar otra cosa. O de otro modo.

Volver a Entrevistas

30 de septiembre / Bar Abierto

Espacio de psicoanálisis y cine en la Ciudad
Auspiciado por la Escuela de la Orientación Lacaniana

CHARLA DE  CAFÉ
Viernes 30 de septiembre /19 hs.
Jorge Luis Borges 1613
Plaza Serrano
ENTRADA LIBRE

Comentan:
Guillermo Martínez (escritor) y Luis Darío Salamone  (psicoanalista - AE de  EOL y AMP)
Coordina: Ana Meyer

"El Hombre de al lado" 
un film de Mariano Cohn & Gastón Duprat
(no se proyectará el film)

Entrevista Capital del Libro, 2011

Publicada en Capital del Libro con el título "El trabajo de escribir requiere una aproximación local", 2011.

¿Hubo una persona o un hecho puntual que considere haya sido motor de su vocación de escritor?  
Sí, claro: mi papá; lo cuento en el prólogo a la antología de los cuentos de él que preparé y que se publicó hace poco.  La literatura siempre estuvo en mi casa, sobre todo a través de mi papá, que era escritor,  pero también a través de mi mamá, que estudiaba la licenciatura en Letras. Ella terminó la carrera con los 4 hijos ya crecidos. Mi papá era un gran lector, un escritor muy consecuente, la lectura era algo muy natural en mi casa. Fue él quien entusiasmó a todos los hermanos para que intentáramos algo en ese sentido. Era de la idea que había que probar muchas actividades diferentes;  de  chico yo hice natación, judo, tenis, ajedrez; intenté en el conservatorio tocar la guitarra; y mis hermanos también…La ventaja de nacer en una ciudad chica es que uno puede intentar cosas diferentes. Dos que sin dudas estaban marcadas familiarmente eran la literatura y el cine... mi papá junto con mi mamá fueron socios fundadores del cineclub en la ciudad y luego de un cineclub infantil…

11 de septiembre / Mi texto favorito

Lectura en Eterna cadencia: Mi texto favorito en un minuto

EL MENSAJERO (The Go-Between), Leslie Poles Hartley (1953)
(Fragmento de la introducción)

   El pasado es un país extranjero: hacen las cosas diferentes allí.
   Cuando me tropecé con el diario estaba buscando en el fondo de una caja roja de cartón, bastante estropeada, donde de niño guardaba mis cuellos almidonados. Alguien, probablemente mi madre, la había llenado con tesoros de aquellos días: dos erizos de mar, vacíos y secos; dos imanes oxidados, uno grande y otro pequeño, que casi habían perdido todo el magnetismo; algunos negativos en un rollo muy apretado; restos de barras de lacre; una pequeña cerradura de combinación con tres filas de letras; una madeja de cordel muy fino, y uno o dos objetos ambiguos, piezas de cosas de las que ya no podía darme cuenta para qué servían. Estas reliquias no estaban sucias ni tampoco exactamente limpias: poseían la pátina del tiempo; y al alzarlas con cuidado por primera vez, al cabo de más de cincuenta años, tuve un recuerdo tan débil como el poder de atracción de los imanes -pero igualmente perceptible- de lo que habían significado para mí. Hubo un intercambio entre ellas y yo: ese placer tan íntimo del reconocimiento, el júbilo casi místico de poseer algo cuando se es muy pequeño: sentimientos que me avergonzaron a mis sesenta y pico años.
   Era un pasar lista a la inversa; las criaturas de otros tiempos decían sus nombres, y yo respondía “Aquí” “Aquí”. Sólo el diario se negó a revelar su identidad.
   Mi primera impresión fue que se trataba de un regalo traído por alguien desde otro país. La forma, los rótulos, la encuadernación en cuero flexible de color morado que se arrugaba en las esquinas, le daban un aire extranjero; y aún se reconocían los cantos dorados. De todos los objetos de la caja era el único que quizá fuese caro. Sin duda había sido uno de mis tesoros, ¿cómo era posible entonces que no lo recordara?
   No quería tocarlo, como un desafío para mi buena memoria: estaba orgulloso de ella y no me gustaba apresurarla. De manera que me quedé contemplando el diario como si fuera un espacio en blanco en un crucigrama. Pero siguió sin hacerse la luz, y de repente empecé a palpar la cerradura, porque recordé cómo, en el colegio, siempre era capaz de abrir al tacto cualquier combinación que me fijaran. Era una de mis habilidades, y la primera vez que lo logré conseguí algunos aplausos, porque declaré que para hacerlo tenía que caer en trance, algo que no era del todo mentira, ya que me esforzaba por no pensar en nada y dejar que mis dedos trabajaran sin dirigirlos en absoluto. Para aumentar el efecto, sin embargo, cerraba los ojos y me balanceaba suavemente hacia atrás  y hacia delante, hasta que el esfuerzo de no pensar casi me dejaba exhausto. Y esto fue lo que me encontré haciendo ahora de manera instintiva, como si tuviera un público delante. Después de una pausa intemporal oí el débil chasquido y sentí cómo los lados de la cerradura se aflojaban y se separaban; y al mismo tiempo, como una liberación por simpatía dentro de mi mente, el secreto del diario apareció ante mí.

27 de agosto / Presentación en las jornadas sobre Borges (Biblioteca Nacional)

Por Marcela Mazzei 

Durante las Jornadas Internacionales Borges Lector de la Biblioteca Nacional, Guillermo Martínez planteó que la resolución de los enigmas que proponía el homenajeado en sus ficciones no era unívoca.

 


(Y para entender el punto central de la discusión ver aquí)

Autoentrevista La Nación, 2011

Publicada en La Nación con el título El milagro de la tostada, 2011.

1) ¿Cuál es la pregunta que no le gusta responder en entrevistas?
Si hay algo autobiográfico en tal o cual novela. Me parece que revela  menosprecio por el valor propio de la ficción, como si lo verdaderamente interesante estuviera en la vida privada del escritor, en un chisme personal, y no en la obra que acaban de leer. Me recuerda a los chicos que se pierden la ilusión que pone en escena el mago por mirar bajo la mesa si encuentran el truco.

25 de Agosto / Presentación en las jornadas Borges Lector

18:00 a 19:00 hs. Series lógicas y crímenes en serie
Conferencia plenaria a cargo de Guillermo Martínez

Auditorio “Jorge Luis Borges” / Biblioteca Nacional 
Agüero 2502 (y Av. Las Heras) Primer Piso 

Más información en www.bn.gov.ar

12 de Agosto / Presentación sobre Borges en Adrogué

19:00 hs. Sobre Jorge Luis Borges
Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez y Pablo De Santis. Coordina Osvaldo Quiroga.
Casa de la Cultura de Almirante Brown
Esteban Adrogué 1224
Provincia de Buenos Aires 

Entrevista blog Boquitas pintadas sobre Yo también tuve una novia bisexual, 2011

Publicado en Boquitas pintadas con el título Yo también tuve una novia bisexual, por Verónica Dema, 2011.

-Sentí las sacudidas en tu espalda, y que me apretabas. Pero los varones nunca estamos demasiado seguros sobre los orgasmos de las chicas. Ustedes siempre tienen a la vista la evidencia material, nosotros…nos tenemos que conformar con los indicios.
-Pero no. Justamente. Si tenías los dos dedos hundidos hasta acá –me dijo. Tendrías que haberlo sentido dentro de mí, como olitas.
Me recosté sobre un codo, intrigado, para mirarla a los ojos y vi que enrojecía un poco bajo mi mirada.
-Sí, es verdad, a veces se siente así. ¿Pero cómo lo sabés? ¿Llegás tan hondo a masturbarte? ¿O acaso…?
Rió, y enrojeció más, como si hubiera quedado al descubierto.
-Sí –aceptó-: tuve una novia.

El escritor Guillermo Martínez lee un tramo de su última novela: “Yo también tuve una novia bisexual”. Es la antesala de una entrevista distinta a las que hacemos siempre, con la paradoja de ser aparentemente menos íntima porque estamos en el estudio de radio de La Nacion (LNRadio) conversando en vivo en Internet, rodeados de micrófonos y con la custodia de dos cámaras; pero que, sin embargo, tiene un clima de cercanía como para hablar sin tapujos, desprejuiciadamente.

Entrevista El refugio de la Cultura (video), 2011

Entrevista en TV Pública, El refugio de la Cultura con Osvaldo Quiroga, 2011.

Volver a Entrevistas

Entrevista Paradigma Libros, 2011

Publicada en el blog Paradigma Libros con el título Yo también leí un thriller filosófico-sexual, 2011.

¿Qué libros leíste últimamente? ¿Cuál o cuáles le recomendarías a nuestros lectores?
Estos son algunos de los libros que leí en el 2011. Son todos muy recomendables.
  1. Los amores difíciles, Italo Calvino, Siruela.
  2. La obra maestra desconocida, Honoré de Balzac, Ed. de la Cueva.
  3. Seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino (relectura).
  4. Las batallas en el desierto, José Emilio Pacheco, Ed. Era. (relectura).
  5. Mundo escrito y mundo no escrito, Ítalo Calvino, Siruela.
  6. Mao, Michael Lynch, Vergara.
  7. El protector, Henry James, Funambulista.
  8. Historia de mi vida, Giacomo Casanova, Atalanta.
  9. El mensajero (The Go-Between), L. P. Hartley, Pre-Textos.
  10.  El caballero que cayó al mar, H.C. Lewis, La Bestia Equilátera.
  11.  El diario de la arena, Hugo Burel, Alfaguara.
  12.  Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, Alice Munro, RBA.
  13.  Bellas artes, Luis Sagasti, Eterna Cadencia.

Entrevista Página 12 sobre Yo también tuve una novia bisexual, 2011

Publicada en Página 12 con el título “Quería poder contar la relación sexual de otra manera”, 2011.

El escritor ambientó la historia en un campus universitario estadounidense en los días previos a los atentados a las Torres Gemelas. “Mi novela es del orden de lo privado, incluso lleva un diario íntimo en sí misma, pero en un momento irrumpe lo político y la toca.”
Por Silvina Friera

Siempre la puerta abierta, sea varón o mujer. Sin preámbulos ni subterfugios: directo al grano. Esta es la primera recomendación que recibe un profesor argentino antes de viajar a una universidad de Redground, un pueblo en el sur profundo del conservador estado de Georgia, cerca del fuerte militar más grande de Estados Unidos, donde dará un curso de literatura en español. La advertencia enfatizada por la coreografía mental que traza el “doble sentido”, pero esgrimida para cuando tenga que atender las consultas de los alumnos en su oficina en el campus, adquiere múltiples resonancias en Yo también tuve una novia bisexual (Planeta), la última novela de Guillermo Martínez. El sagaz matemático y escritor siembra una frase cuya cosecha se explicita en tres planos superpuestos: en la misma trama, en la teoría crítica que se esboza en la zona donde la ficción se sirve del recurso del “diario íntimo”, y en el protocolo de lectura que se desprende de esa teoría, como si el libro contuviera su propio contralibro. El profesor se enamora de una de sus alumnas, Jenny, una versión más chispeante que la Lolita de Nabokov, en los días previos al atentado a las Torres Gemelas, en septiembre de 2001. No hay rodeos para narrar el universo de ese escalamiento sexual clandestino. Martínez se propone abrir puertas muchas veces cerradas –o abiertas pero “rarificadas”– y escribir al ras de la piel de Jenny, “en el territorio blando, salado y tirante entre el vello de su pubis y los montículos suaves de sus pechos”.

Entrevista diarios del interior sobre Yo también tuve una novia bisexual, 2011

Publicada (en distintas versiones) en La Gaceta Literaria (Tucumán), Los Andes (Mendoza), El Litoral (Santa Fe) y  El Liberal (Santiago del Estero), 2011.
Por Augusto Munaro

¿Cómo y cuándo surgió la novela?
Como casi todas mis novelas, surgió a partir de una idea para un cuento, empecé a escribirla como el último cuento que cerraría un libro de relatos sobre sexo y muerte que escribo de a poco, y que tiene como título provisorio Los reinos de la posición horizontal. Lo mismo me había pasado antes con La muerte lenta de Luciana B. Hay historias que a medida que uno las escribe revelan otras potencialidades, además del núcleo inicial de ideas. En el caso de Yo también tuve una novia bisexual la primera idea, el germen inicial, era contar una relación fugaz pero muy intensa, que termina por tocar profundamente a los dos protagonistas. Quería, además, contar algo de lo que Calvino llama el “mundo no escrito”, en este caso en torno al sexo. Hasta el siglo XIX, el sexo era el gran tabú de la literatura, y aún en libros considerados “libertinos”, como Historia de mi vida, de Casanova, la aproximación al sexo es por antesalas, prolegómenos, elipsis. En el siglo XX en cambio hay algo así como una super-explotación del tema, que lo “encierra” en otros clichés: el sexo tal como aparece en el realismo sucio, el sexo asociado a cierto cinismo o sordidez, el sexo en sus variantes violentas o sádicas. O bien, la otra variante, lo que yo llamo la sublimación lírico-filosófica: el sexo embellecido por metáforas, por cierta retórica demasiado literaria. Yo quería contar una historia que siguiera el escalonamiento de lo sexual en una relación con naturalidad, con la misma atención y detenimiento con que el narrador observa todas las demás cosas de ese mundo nuevo del campus al que llega. Creo que es difícil encontrar ejemplos en la literatura donde el foco sea la progresión de una relación sexual, porque escribir sobre sexo, sobre el hecho en sí, de manera sostenida, es difícil e incómodo, y puede llevar muy pronto a ciertas repeticiones mecánicas de “figuras”. Ese fue en parte el desafío: que cada escena tuviera un significado diferente y propio.
La segunda idea, más “teórica”, tiene que ver con una de las divisiones posibles de los relatos. Hay en la literatura por un lado la construcción de grandes frescos históricos-políticos, la recreación de tal o cual momento histórico concreto. En el otro extremo, tenemos los relatos de relaciones íntimas, de mundos privados, secretos, relativamente autónomos, ajenos en principio a ese ruido de lo histórico. Yo quería que esta historia secreta fuera tocada en algún momento por esa gran conmoción que fue el 11 de septiembre. Poner el efecto mayor y estentóreo de lo histórico al servicio del efecto “menor”: mostrar las consecuencias en una historia privada de ese roce indirecto y funesto.
A partir de este primer par de términos opuestos (lo privado versus lo político) se me ocurrió introducir también la pequeña teoría crítica que aparece más adelante, como apuntes mentales del narrador para una conferencia.

Entrevista La voz del Interior sobre Yo también tuve una novia bisexual, 2011

Publicada en La voz del Interior con el título Yo también tuve una novia bisexual, la novela de Guillermo Martínez, 2011.
Por Rogelio De Marchi
 
La pesada carga de prohibiciones que pesan implícita o explícitamente sobre los docentes en ese (y otros tantos) campus (que si mirás una alumna, cuántas veces, cuánto tiempo, si le hablás en un pasillo o en el gym, cómo te comportás en la consulta, qué temáticas tocás en tus programas, etc.), ¿no te parece que vuelve secundario la capacidad del docente de dar clases, la importancia de lo que tiene para enseñar?
 Creo que no. Yo escribí una novela, es decir, una ficción. Dentro de esa ficción quería darle cierto énfasis a las prohibiciones, al conservadurismo de esa universidad en el sur, a las amenazas y al costado “prohibido” de la relación. Pero en la vida real, y fui profesor durante más de 25 años, nunca sentí que la precaución más o menos tácita, más o menos reglamentada en la relación entre profesores y alumnos relegara la importancia de lo que se enseña.

Julio 2011 / Presentación de Yo también tuve una novia bisexual

Librería Usina Dain (Nicaragua 4899 CABA)
Miércoles 3 de agosto / 19 hs.
Presentan: Esther Cross y Francisco Offenhenden
Entrada libre 

Entrevista Ñ sobre Yo también tuve una novia bisexual, 2011

Publicada en la revista Ñ, Clarín, con el título Sangre de amor correspondido, 2011.

El escritor argentino Gullermo Martínez acaba de publicar “Yo también tuve una novia bisexual”, donde se propuso trabajar sobre el lenguaje y la forma en una novela erótica.

POR Mauro Libertella

La nueva novela de Guillermo Martínez tiene un título de curiosas reverberencias aireanas: Yo también tuve una novia bisexual . El eco podría no decirnos nada, pero cobra otra densidad a la luz de una serie de debates que hacia el año 2007 tuvieron a Martínez como uno de sus puntales más activos. Allí, en su ensayo “Un ejercicio de esgrima”, en el que desplegaba su propia mirada del canon argentino posdécada del sesenta, afirmaba con énfasis: “César Aira es el lago de Narciso en que se mira el posmodernismo enamorado de sí mismo. Ya sabemos que la estética posmoderna prefiere rutinariamente, como un automatismo incorporado, lo inacabado sobre lo concluido, lo aleatorio frente a lo determinado, la vacilación frente a la afirmación, lo declinado frente a lo sostenido, lo superficial frente a lo profundo, lo fragmentario frente a lo completo. César Aira les da todos los gustos y ningún disgusto”. Como buen matemático, Martínez abonaba a una lectura crítica de la literatura deudora de la lógica binaria: formalismo contra narrativismo, posmodernidad contra neoclasicismo, lo lúdico contra lo grave. En ese rompecabezas de políticas literarias, Martínez, al modo borgeano, lee a los otros para sentar las bases desde las cuales quiere que su obra sea leída, y traza en ese movimiento un mapa de afinidades con la tradición clásica del relato estructurado bajo la premisa de la lenta evolución de un misterio, el culto por lo sucesivo, el detalle realista, la educación sentimental del personaje y el estilo que, en vez de opacar o ambiguar la historia, la acompaña. Así, ya instalado en el centro neurálgico del debate, Martínez publicaba en 2007 La muerte lenta de Luciana B., y cuatro años después llega su nuevo relato.
La historia, para resumirla en dos líneas, es la de un escritor que viaja a una universidad del sur de Estados Unidos para impartir un seminario. En esa ciudad rutinaria y conservadora seduce a una alumna joven y, en el cenit de una relación breve y epifánica, profesor y alumna se enamoran perdidamente. Así, Martínez narra por primera vez, con detalle lingüístico, el acto sexual y su universo. Toca también algunos tópicos políticos, aunque la novela los relegue a un segundo plano.
Yo también tuve una novia bisexual es, finalmente, la historia obsesiva de un hombre enamorado.

Hablar de sexo es una dimensión integral, 2011

Publicada en Eterna Cadencia, 2011

Guillermo Martínez habla de la novela Yo también tuve una novia bisexual. “Tomé las torres gemelas como un elemento aireano que irrumpe en la novela”, dice.

Por Patricio Zunini. Foto: Alejandra López


Un profesor argentino viaja a una universidad del sur de los Estados Unidos a dar clases de literatura en español. La vigilancia estricta de las autoridades prohíbe las relaciones entre docentes y alumnos, pero ya desde la primera clase surge una atracción entre el recién llegado y Jennifer, una bellísima morocha, que les desata una sexualidad desbocada en medio de la represión exacerbada por la proximidad en el tiempo del affaire Clinton-Lewinsky.

Así comienza Yo también tuve una novia bisexual, la nueva novela de Guillermo Martínez (Acerca de Roderer, Crímenes imperceptibles) en la que apuesta a poner en cuestión las historias íntimas frente al relato político y la sensación de fin de época que produjeron los atentados a las torres gemelas en septiembre de 2001.

Uno de los personajes principales, que aparece ya en la primera o segunda página, es Rachel Green. Y la alumna que mantiene la relación con el profesor se llama Jennifer. ¿Te gustaba Friends?, ¿te gusta Jennifer Aniston?
—[Se ríe] No, para nada. Los nombres los elijo siempre por motivos de sonido. Aunque Jennifer Connelly me gusta mucho; quizás tuvo que ver. Estaba buscando un nombre con jota porque la otra chica que él conoce se llama Julieta, y quería hacer una repetición intencionada de las iniciales, que aparezca como algo recurrente.

Julio 2011 / Yo también tuve una novia bisexual

Nueva novela. 1 de julio de 2011


Me proponía -esto sí puedo recordarlo- escribir al ras de su piel, en el territorio blanco, salado y tirante entre el vello de su pubis y los montículos suaves de sus pechos, y en la escala milimétrica donde se confunden los ojos y la lengua. 

Texto de contratapa

Agosto de 2001. Un profesor argentino llega a una universidad en el sur de los Estados Unidos, para dar un curso de literatura en español. Le asignan un departamento, un auto y una oficina en el campus. Todo parece perfecto y en su primera clase descubre algo mucho más tentador: una de sus alumnas, Jennifer, una chica deslumbrante y ambigua, con la que inicia una serie de encuentros sexuales cada vez más arriesgados, en medio del secreto y el disimulo. Ninguno de los dos sabe que ese breve período juntos cambiará sus vidas para siempre y que un acontecimiento brutal, en una de sus miles de esquirlas, acabará por trastocar su mundo de la manera más inesperada.  
Intensamente carnal, irónica y dramática, la novela registra, con la precisión de un diario, “el pasaje ensimismado de los cuerpos que de la nada llega a todo” y recobra con audacia para el sexo toda su complejidad y dimensión literaria.
Guillermo Martínez ha escrito, con un lenguaje pleno de matices, una novela exquisita, que crece en tensión e intriga en cada uno de los climas y giros imprevisibles de la trama. Yo también tuve una novia bisexual confirma al autor de Acerca de Roderer y Crímenes imperceptibles como uno de los escritores argentinos más inquietantes y originales.

Capítulo UNO
Capítulo DOS

Julio 2011 / Entrevista ADN sobre Yo también tuve una novia bisexual

Por Martín Lojo
Para LA NACION

En su nueva novela, que llegará a las librerías a comienzos de julio, Guillermo Martínez narra la historia sexual clandestina de un profesor de literatura y una de sus alumnas universitarias.

Viernes 24 de junio de 2011

"Es una novela un poco atípica en mi producción", dice Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962) sobre Yo también tuve una novia bisexual , su nueva ficción, que estará en librerías el 1° de julio. Lejos del policial y las matemáticas, la novela narra la relación entre un escritor y profesor de literatura argentino, de visita en una universidad del sur de Estados Unidos, y una joven estudiante estadounidense. Acechados por las estrictas normas de la institución, no podrán evitar que la tórrida atracción sexual despierte también una peligrosa intimidad.
-La novela iba a ser el último cuento de un libro sobre sexo y muerte en el que trabajo desde hace años, Los reinos de la posición horizontal . Como ya me ocurrió con La muerte lenta de Luciana B. , comencé a escribir un cuento pero aparecieron otros temas además del que quería tratar, y se transformó en novela. A la cuestión del sexo se agregaron la pérdida de la memoria y la política, los conflictos de intereses y el racismo en una universidad estadounidense y el atentado a las Torres Gemelas. Mi intención es escribir sobre sexo con una visión personal. Por lo general, es un tema que se aborda con cierta condescendencia, humorística o desdeñosa. En la literatura contemporánea de inmediato se cae en el realismo sucio, la violencia, el sadomasoquismo, las drogas y la sordidez. Mi interés era relatar una relación intensamente sexual, pero sin ninguno de esos parámetros, que se han vuelto cliché.

Marzo 2011, China