En el año 1998 escribí un artículo, "El cuento como sistema lógico" en el que comparaba al cuento con un acto de ilusionismo, e invocaba por primera vez la figura del gran René Lavand, el artista de una sola mano que acaba de fallecer. Unos años después lo incorporé como personaje en un capítulo de mi novela "Crímenes imperceptibles".
Fernando Bravo leyó ayer en Radio Continental un fragmento de ese capítulo.Cuentos por Bravo: "Crímenes imperceptibles", Radio Continental, febrero 2015
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El capítulo entero aquí:
Crímenes imperceptibles, Capítulo 21
Crímenes imperceptibles, Capítulo 21
Cuando llegamos al teatro no quedaban ya entradas en las primeras
filas, pero Seldom se ofreció gentilmente a cambiar con Lorna la suya y
quedarse más atrás. El escenario estaba en sombras, aunque se alcanzaba a
distinguir una mesa sobre la que sólo había una gran copa de agua y un sillón
de respaldo alto que enfrentaba al público. Apenas más retiradas, una docena de
sillas vacías rodeaban en un semicírculo la mesa por los costados y por atrás.
Habíamos entrado en la sala unos minutos después de hora y cuando ocupamos
nuestros asientos las luces empezaron a bajar. El teatro quedó a oscuras por lo
que me pareció apenas una fracción de segundo. Al encenderse de nuevo un foco sobre
el escenario, vimos al mago sentado en el sillón, como si hubiera estado desde
siempre allí, tratando de escrutar al público con la mano como una visera sobre
la frente.
