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Un minuto sobre Gombrowicz (Para la presentación de la revista Witolda, octubre 2017)


Llegué a los primeros libros de Gombrowicz a través de mi padre, que leyó inicialmente Ferdydurke y me lo pasó como un libro “difícil y diferente”. En esa época, alrededor del 85, yo estaba recién instalado en Buenos Aires y se publicaron varios de sus libros en Seix Barral. En cada viaje que hacía a Bahía Blanca mi padre me encargaba uno y yo los leía antes de llevárselos. Valoré y descubrí (o creí descubrir) una cantidad de cuestiones, como la recurrencia de menciones y procedimientos de la dialéctica [Ver "Gombrowicz, escritor de la dialéctica"]. Leí bastante después su Diario, que me agregó una dimensión filosófica muy personal y aguda en varios temas, por ejemplo, los límites de la compasión en su parábola tragicómica sobre los escarabajos en la arena, o sus reflexiones sobre por qué lo monstruoso se volvió aceptable durante Hitler, en línea con las ideas pioneras sobre dominación y obediencia a la autoridad del psicólogo conductista Stanley Milgram, y que Gombrowicz resumió magistralmente en lo que es casi un teorema del mal: “Yo mato porque tú matas y porque él mata. Tú y él y todos ustedes torturan, pues yo también torturo. […] el pecado es inversamente proporcional al número de gente que lo comete”.
Releí, no hace mucho, casi todas sus novelas, y volvió a deslumbrarme como una gran personalidad literaria y un escritor verdaderamente original –esta última la categoría quizás más exigente en literatura–. Es además un buen ejemplo de que se puede, también en nuestra época, “escribir contra todo lo escrito”.

GOMBROWICZ, ESCRITOR DE LA DIALÉCTICA


Conferencia en el Congreso Gombrowicz
Sábado  9 de agosto de 2014.
Biblioteca Nacional, Buenos Aires.

                       Fuerza         Debilidad
                    Claridad        Oscuridad
                    Método                Caos
                    Triunfo          Derrota
¡Qué próximas resultan estas dos
letanías, como dos hermanas!


  Quiero empezar mi exposición con una cita típicamente modesta de Gombrowicz (y ya en sí misma un buen ejemplo de la dialéctica de la cantidad y la calidad):
 
Finalmente tengo que formular (pues veo que nadie lo hará en mi lugar) el problema fundamental de nuestro tiempo, aquel que domina por entero toda la episteme occidental. No es el problema de la Historia, ni el de la Existencia, ni el de la Praxis, o de la Estructura, o del Cogito, o del Siquismo, ni ninguno de los otros problemas que han ocupado el campo de nuestra visión. El problema capital es:
              CUANTA MÁS INTELIGENCIA, MÁS ESTUPIDEZ
De Diario (1953-1969), pág. 815