De la serie Objetos luminosos, para una columna sobre objetos del pasado de la revista VIVA, Clarín, 2011. (no aparece online)
Lo más difícil es explicar cómo llegó la estatuita fosforescente de Ceferino a nuestro hogar marxista y ateo. Tuvo que ser, por supuesto, alguno de los inventos de mi papá. Pero ¿cuál de ellos? ¿Los adornitos de luminosidad resistente al agua para vender en los acuarios? ¿Los anzuelos lumínicos para la rueda de arado que hundiría en el mar como novísima máquina de pesca? ¿El rendín-luciérnaga que pudiera ubicarse en la noche al abrir el capot del auto? Les pregunté a mis hermanos y ninguno puede recordar exactamente para qué la quería.